miércoles 14 de diciembre de 2011

Una de cal, veinte de arena




De a poquito van llegando las fiestas, el pan dulce con frutas artificiales, los confites de colores con puro colorante, el turrón que te saca hasta las muelas de juicio y la sidra de manzana sin alcohol que todos los años compra mi abuela. (nota: *mi abuela* no, la *Chicha*, sino se enoja).

El Papá Noel de la peatonal este año está todo desinflado, parece que anduvo metiéndole actividad física. Si aunque sea tuviera un arbolito cerca para entretenerme con el soundtrack de musiquita cursi que tienen las luces, estaría chocha. 

Y llegando a conclusiones que pronostican mal tiempo y gran nostalgia para mi fin de año, informo que en estos momentos no cuento ni con la compañía de un mísero adornito navideño aunque sea para darle ternurita a mi hogar dulce hogar. Mi habitáculo consiste en pilas de libros, revistas y restos de sahumerio.
 A la suma de  alegrías se le agrega el noviazgo de mi mejor amiga y junto con ello viene incluída una masa de individuos que están en la misma: comprometidos, casados, amontonados, hacinados, enrrollados, juntados, pegoteados.... en fin: viva el amor. Pareciera increíble pero todos esperan esta época donde Anto está más sensible de lo imaginable. Gracias totales.

Nota: si usted es un ente como yo que no cuenta con un arbolito copado con luces de colores, musiquita y adornitos con brillitos, únase a mi grupo y prometo uno de éstos para Navidad.

Por lo menos guardo esperanzas de que este año haya Mantecol y no maní con chocolate. 


*No puedo arreglar la opción para los comentarios, sepan disculpar. Pronto volveré a la normalidad.