sábado, 31 de diciembre de 2011

Año nuevo, pilas nuevas


Perdí de vista por unos momentos el tiempo, los meses y los días. Cuando menos me lo esperaba ya estaba rozando con los dedos otro fin de año que apareció de imprevisto, volando y bien apuradito. 
Año pesado, lleno de cosas que me sería imposible enumerar pero que al fin y al cabo me ayudaron a crecer un montón, y en este punto en donde me encuentro considero que eso es lo más importante para destacar.
Termino contenta, con luz y paz. Tengo metas, tengo pilas y tengo fé en esta nueva cifra que poco a poco se va a ir instalando.

Brinden con sonrisas (y un poquito de esas lágrimas de nostalgia que nunca vienen mal). Los cambios están buenos, empezar de nuevo nadie dijo que sería fácil pero tampoco que no valiera la pena. FELICIDADES, pero no para este día, sino para el año entero. Solemos desearnos felicidad en esta época cuando en realidad todos buscamos felicidad en cada día, por más efímera que sea. 

Mis mejores deseos. Y sobre todo amor, mucho amor.

Antonella


sábado, 24 de diciembre de 2011

Navidad


Me costó acomodarme hasta lograr una posición adecuada para escribir y que me surja la inspiración del más allá gracias al platanero de 10mil metros que todavía sigue instalado en mi ventana y no me regala más que un completo combo de hojas y estornudos.

La cuestión es que me instalo y mientras pienso sobre qué puedo escribir, le hecho una ojeada a mi bolso recargado hace unos minutos que va a acompañarme con  destino a Santa Fe para pasar la Navidad en familia.

Y creo que esta escena resume mi año. Aunque personalmente no soy partidaria de los resúmenes anuales con toques de nostalgia, me es inevitable. Inevitable porque soy así, mi personalidad de melancólica que busca reírse de lo propio tiene casi como un deber, como una necesidad retroceder en el tiempo.

El bolso lleno de cosas muy mías yendo y viniendo, los abrazos de papá, la comida de mamá que no está, las paces con mi hermana, la siesta con mis perros.... la firme idea de seguir adelante aunque estemos lejos de todo y de todos, la solitaria presencia del silencio del departamento.

Este año me hicieron falta muchas cosas pero conseguí tomar de la mano a personas que me hicieron el camino más confortable y me llenaron de luz. Creo en la Navidad como encuentro, como espacio de madurez para valorar lo que tenemos y lo que nos hace falta pero que siempre nos enseña a crecer.

Brindo para contagiar el optimismo y las ganas de seguir adelante.
Felicidades! 

Antonella

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Una de cal, veinte de arena




De a poquito van llegando las fiestas, el pan dulce con frutas artificiales, los confites de colores con puro colorante, el turrón que te saca hasta las muelas de juicio y la sidra de manzana sin alcohol que todos los años compra mi abuela. (nota: *mi abuela* no, la *Chicha*, sino se enoja).

El Papá Noel de la peatonal este año está todo desinflado, parece que anduvo metiéndole actividad física. Si aunque sea tuviera un arbolito cerca para entretenerme con el soundtrack de musiquita cursi que tienen las luces, estaría chocha. 

Y llegando a conclusiones que pronostican mal tiempo y gran nostalgia para mi fin de año, informo que en estos momentos no cuento ni con la compañía de un mísero adornito navideño aunque sea para darle ternurita a mi hogar dulce hogar. Mi habitáculo consiste en pilas de libros, revistas y restos de sahumerio.
 A la suma de  alegrías se le agrega el noviazgo de mi mejor amiga y junto con ello viene incluída una masa de individuos que están en la misma: comprometidos, casados, amontonados, hacinados, enrrollados, juntados, pegoteados.... en fin: viva el amor. Pareciera increíble pero todos esperan esta época donde Anto está más sensible de lo imaginable. Gracias totales.

Nota: si usted es un ente como yo que no cuenta con un arbolito copado con luces de colores, musiquita y adornitos con brillitos, únase a mi grupo y prometo uno de éstos para Navidad.

Por lo menos guardo esperanzas de que este año haya Mantecol y no maní con chocolate. 


*No puedo arreglar la opción para los comentarios, sepan disculpar. Pronto volveré a la normalidad.




sábado, 10 de diciembre de 2011

Enfrente, a las veinte


¿Sufre más aquél que espera siempre
 que aquél que nunca esperó a nadie?
Pablo Neruda


La gente es chusma, mete sus narices donde no tiene que hacerlo y se interesa en aquellos temas o circunstancias donde nadie lo ha invitado. Y si la gente es chusma, en la gente de pueblo, esta característica aumenta considerablemente al máximo. 

Como no podía dejar pasar mi nivel de fisgona, a partir de las 20 horas espiaba por entre las hendijas de la ventana de mi cocina, y me ponía a observar a un pobre hombre con cara de bueno y un temperamento un tanto nostálgico que siempre tenía una rutina constante, lloviera, nevara o se viniera el mismísimo fin del mundo. 

Llegaba con su caminar lento y distraído, se peinaba, se acomodaba el sweater color chocolate que según el día iba variando, colocaba una de sus manos en el bolsillo, mientras que la otra sostenía un considerable ramo de flores, que solían ser Lirios o Jazmines.
Se lo veía inquieto e impaciente, miraba su reloj mientras combinaba aquél movimiento con miradas que iban de lado a lado.
Se quitaba sus lentes, los limpiaba con un pañuelo que delicadamente retiraba del bolsillo de su campera. Volvía a mirar la hora y poco a poco, se iban notando en su rostro, indicios de desilusión y de tristeza que hacían que mi propio corazón se estremeciera por completo. ¿Qué era lo que estaba esperando? O mejor dicho, ¿a quién esperaba?

No se daba por vencido. En algunas oportunidades lo escuchaba cantar en voz baja y hasta silbar suavemente mientras mantenía firme su esperanza. Al transcurrir el tiempo, cansado de tanto esperar, tomaba las flores semi-marchitas debido al constante movimiento que salía de sus manos ante los nervios y las ansias de esperar algo que no llegaba jamás, y corroborando que se podía marchar, cruzaba la callecita y a lentos pasos, se retiraba de la plaza que daba justito enfrente a la cocina de mi casa.

En el pueblo le tomaban el pelo, lo trataban de loco, y hasta se arriesgaban a teorizar que el pobre hombre necesitaba turno urgente en algún centro psiquiátrico.  

Más allá de las opiniones del resto, yo estaba convencida de que tarde o temprano iba a conseguir saber qué era lo que esperaba. Increíblemente, sentía una fuerza que me llevaba a encontrar la respuesta a mi interrogante lo antes posible. No podía dejar de pensar en la situación, porque  no tenía dudas de que aquél hombre que siempre había visto hacer la misma rutina diaria, tenía  algo que me fascinaba por completo. 

Cuando fue la hora exacta, crucé a la plaza y esperé sentada en uno de los bancos la llegada del “viejito de las flores”.
Estaba ansiosa, debo reconocerlo. Nunca había tomado la valentía hasta ese momento de hacer algo así. Esperé y esperé, pero nadie apareció. El tiempo pasó y con él se iban yendo las ilusiones de creer que pronto encontraría la verdad.
Hasta que cansada de tanto esperar me levanté y en el momento justo en que me estaba dirigiendo a cruzar la calle e instalarme en mi cocina, escuché una voz que me susurraba: 

-¡Al fin llegaste, amor mío! No imaginás hace cuanto que estoy esperándote…-





Antonella

martes, 6 de diciembre de 2011

domingo, 4 de diciembre de 2011

Carpe diem



"No leemos y escribimos poesía porque es bonita. Leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana... y la raza humana está llena de pasión. La medicina, el derecho, el comercio y la ingeniería, son carreras nobles y necesarias para dignificar la vida, pero la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor... son las cosas que nos mantienen vivos..."


La sociedad de los poetas muertos

viernes, 2 de diciembre de 2011

Lo mejor de nuestra piel es que no nos deja huir


Difícil tomar decisiones cuando no sabemos qué nos espera del otro lado.Ahí. Cruzando tu callecita. Cruzando apenas el barrio de tu piel. Aventura de la vida: todo un riesgo de esperar y quedarse con esa incertidumbre que más de una vez y en otras ocasiones me sacó de quicio.

Alguien una vez me dijo "Anto, tenés que dejar de ser tan apocalíptica". Me dejó pensando. Creo que veo el fin del mundo en todos lados y termino ahogándome en una taza de café tamaño miniatura. Y por si fuera poco soy una sensible-dependiente que vive entre la verborragia y los pañuelitos descartables.

Fin de año me voltea por completo y me deja divagando entre recuerdos. Un año demasiado intenso en lo personal. La interminable ruleta de la vida con suertes y desdichas.

Nobody said it was easy,
No one ever said it would be so hard.


Hoy vuelvo mejorada. Lástima el vecino que se está mandando flor de ñoquis caseros siendo un viernes a las 12.15 del mediodía mientras yo sigo con el segundo termo de mate. Bien, bien. Requiero alguien que me cocine.


Buena vida siempre!
Anto